G-20, un revive muerto para un anémico capitalismo
Por Eli Heiliger
Los líderes del llamado G-20, principales y emergentes economías del mundo, intentan dar un multivitaminico al capitalismo que hoy se encuentra anémico, sumido en una gran crisis, que desde Estados Unidos se refleja a todo el mundo, considerado por muchos superior a la del 1929.
La receta, como la han calificado, pregona por una especie de nuevo orden financiero mundial para detener la crisis global.
Reformar el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, reactivación de las economías y, sobre todo, volver a regular los mercados financieros, entre otras, son parte del nuevo paquete que tratará de asimilar el mundo hoy.
Todo parece indicar que el orden económico esbozado a partir de la Conferencia de Bretton Woods y el llamado Consenso de Washington se agotó y que el mundo se encamina hacia un nuevo reordenamiento económico.
La propuesta que salió de Washington el fin de semana pasado intenta ser una especie de “revive muerto”, como le llaman en los campos dominicanos a cualquier brebaje que se considera efectivo para superar una enfermedad a un paciente postrado en cama. Ya muchos consideran que con esta propuesta se quiebran presupuestos ideológicos de más de tres décadas de dominio, como ese de que el “Dios” del mercado lo regula todo.
Asistimos a la despedida, con muchas cruces, de este esquema neoliberal y pasar a un estatismo. El viejo John Maynard Keynes desde su tumba sigue atento este cambio de rumbo. Ese cambio tan fácilmente adoptado por las grandes economías, me recuerda al camaleón, animal que cambia el color de la piel según la conveniencia de los escenarios.
La propuesta del G-20 tomó en cuenta los intereses de las grandes corporaciones de esta economía global, los grandes problemas de la humanidad como el hambre, Sida , los Objetivos del Milenio han sido dejado de lado.
Eso obligará a los sectores al margen, a los países que no pertenecen a la esfera del G-20 hacer sus planteamientos, sus propuestas para impedir que todo el peso de la crisis le recaiga sobre sus hombros.
¿Cómo será ese nuevo orden de que propone el G-20? No hay que ir muy lejos a fin de saber que para los pueblos pobres no será una luna de miel, sino de hiel.
¿Tomaron en cuenta los líderes del G-20 los intereses de los pueblo sub desarrollados? Esa interrogante la despejará el tiempo, por lo que exhorto a todo el vivo a mantenerse con los ojos bien abiertos.