La guerra del futbol 1969
Por Edwin Kako Vazquez
San Juan, PUERTO RICO.- Un partido de fútbol es a veces fuente de polémicas, de discusiones e incluso de enconadas rivalidades y rencores. Pero nunca como en 1969 estuvo tan cerca de ser origen de una guerra. Se disputaban, en la primavera de aquel año, los encuentros de la fase de la Copa del Mundo entre el seleccionado de El Salvador y Honduras.
En el choque de ida triunfó el cuadro Hondureño por 1-0, y en el de vuelta lo hizo El Salvador por 3-0. Como sólo contaban los puntos y no el "gol-average", fue necesario un choque de desempate que se jugó en el Estadio Azteca de Cuidad México.
Ganó el Salvador tras una extensa prórroga por 3-2, lo que le valió pasar a la ronda siguiente del torneo en la que se enfrentó a HaitÃ, cuya selección fue, en definitiva, la que asistió a la fase final de la competición de 1970. Pero vayamos a los sucesos, el partido de Honduras-El Salvador se desenvolvió en un clima apasionado y hostil, aunque sin nada que Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen. permitiera augurar lo que iba a seguir. Porque el encuentro de vuelta se desenvolvió en un ambiente lleno de incidencias, a causa de la exaltada actitud de la fanaticada salvadoreña. El resultado de esa exaltación fue casi alucinante. Un mal entendido espÃritu patriótico encendió la mecha de una escalada de violencias. De las palabras y las acusaciones se pasó a los hechos.
El furor popular provocó la ruptura de las relaciones diplomáticas entre los paÃses. Más de 50,000 personas resultaron vÃctimas de un conflicto cargado de tensiones y oscuros intereses. El Salvador llamó a las filas a los reservistas del ejército y declaró el estado de emergencia. Honduras guarneció su frontera con todas las fuerzas disponibles. La guerra, en nombre-aparentemente al menos- de un partido de fútbol, pareció inevitable. Este episodio, sobre el cual se centraron las miradas de un mundo absorto e incrédulo, pasó a la historia como la "guerra del fútbol".
Los ministros de Asuntos Exteriores de Costa Rica, Guatemala y Nicaragua (miembros del llamado Mercado Común Centroamericano) realizaron gestiones urgentes y desesperadas para evitar el conflicto que se daba como inevitable. Mientras ellos hablaban con sus colegas en Tegucigalpa y San Salvador, los acontecimientos se precipitaban. Unos 11,700 ciudadanos salvadoreños que vivÃan en Honduras huyeron del territorio a causa de la violenta persecución desencadenada contra ellos por los "ultra".
Fue una huÃda dramática, el Gobierno de El salvador acusó al de Honduras de no haber hecho nada para impedir la opresión, violación y expulsión en masa de miles de personas. En vista de ello, el Salvador anunció oficialmente "que carece de sentido el mantenimiento de relaciones diplomáticas entre ambos Estados". Por otra parte, en Tegucigalpa se desmintieron las acusaciones contrarias y se manifestó la mayor sorpresa por el paso diplomático tan radical adoptado por El Salvador; pero no se encontró ninguna respuesta adecuada y se anunció también la ruptura de relaciones. Las comisiones neutrales ofrecieron sus buenos oficios.
No se comprobó la acusación salvadoreña de genocidio, y se estimó que la huÃda masiva a través de la frontera entre ambas naciones habÃa sido motivada por causas injustificadas. Afortunadamente la tensión fue cediendo. Hubo mutuas explicaciones, las posturas fuertes se suavizaron, se restablecieron las relaciones, y precisamente el fútbol, inicio falso de un conflicto en el que estaban envueltas otras motivaciones de tipo polÃtico, se convirtió en puente de reconciliación.
"El deporte debe unir a los pueblos en lugar de provocar incidentes tan lamentables", explico un directivo del Comité OlÃmpico de Honduras. El Salvador presentó excusas y se olvido lo ocurrido. Los incidentes, los momentos de angustia de la selección hondureña en San Salvador, donde tuvo que ser protegida por la Guardia Nacional para impedir que fuese agredida y linchada por las masas enfurecidas, la movilización armada, los insultos, las acusaciones, el dramático éxodo de los refugiados...todo volvió a la calma y El Salvador y Honduras se enfrentaron en el decisivo choque de desempate en Cuidad de México.
Era un encuentro explosivo, que muchos calificaron de mortal, pero que transcurrió sin incidentes de relieve. Para que no faltase nada en la confrontación, el tiempo reglamentario terminó con empate a dos goles. Y hubo que apelar a una prórroga para que RodrÃguez, extremo izquierda de El Salvador, obtuviese el gol de la victoria. Fue el delirio entre los miles de salvadoreños que asistieron al lance y la decepción entre los miles de hondureños que, cargados de banderas e ilusiones, estaban observando una magnÃfica conducta, y en ningún momento la policÃa mexicana, reforzada considerablemente, tuvo que intervenir.
Tampoco en el campo las acciones sobrepasaron los lÃmites permisibles en un encuentro donde tanto estaba en juego. Ni siquiera cuando a los 30 minutos del segundo perÃodo tuvo que ser retirado en camilla el hondureño Enrique Cardona, vÃctima de una entrada excesivamente brusca de un contrario.
EDWIN KAKO VAZQUEZ
ESCRITOR E HISTORIDOR